Un momento especial del recorrido fue el toparnos con un tocororo. El detalle hizo que la experiencia fuera todavía más excepcional. Jamás en mi vida había visto un tocororo más allá de las páginas de un libro o de las tomas televisivas. Puede que haya mucho verde, y que el pajarito, casi endémico, sea una gotita de azul, rojo y blanco al centro de la imagen, pero lo importante es que logramos plasmar el recuerdo.
Esta foto fue antes de volar a la Palastina, como ven iba según la ocasión. Espero que en camión se pueda llegar a tan lejos. Bueno, por lo menos a La Plata llegué, y sin difultad. Curvas súper inclinadas, pendientes casi verticales, desprendimientos de carretera, caída de rocas y paisajes de extrama belleza natural me acompañaron en el viaje. Al contrario del llano, donde la sequía hacía de las suyas, fue muy agradable estar rodeada de tanto verdor. Rubiera me había dicho que fuera abriga, que allá en las lomas siempre hace frío, y yo tan crédula le hice caso. Cargué con bufanda, abrigo y todo, pero, la verdad, me sirvió más para protegerme del aire y del Sol. que para lo que fueron creados. No se preocupen jamás se me hubiera ocurrido ir a Palestina, por lo menos no por ahora.
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